Hoy hemos presentado en la Fundación Cajasol la nueva temporada del Fundación Cajasol Andalucía Vóley, en un acto al que han asistido el alcalde de Dos Hermanas, la consejera de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, junto a los presidentes del club y de la Federación Española de Voleibol. He acudido con una sensación poco frecuente, la de hablar de un curso que ya forma parte de la memoria deportiva de Andalucía antes incluso de haber empezado.
Lo que celebramos no es sólo un calendario nuevo, sino el resultado de un sueño, de una convicción y de un esfuerzo compartido que hace apenas unos años parecía inalcanzable, porque este proyecto nació desde la humildad y desde el trabajo diario, sin más patrimonio que la certeza de que los límites están para superarlos.
La pasada campaña firmaron una de las gestas más notables que ha vivido el deporte femenino español en los últimos tiempos, con la Copa de la Reina y la Liga Iberdrola en el palmarés, y son esos méritos los que las han conducido hasta la Champions League, la máxima competición europea de clubes, en la que debutan ahora. Los medios de comunicación llevan meses describiendo ese salto como un hito histórico para el voleibol andaluz.
Desde la Fundación Cajasol acompañamos el camino con orgullo. Hemos ido afianzando poco a poco una apuesta firme y estratégica por el deporte andaluz que va mucho más allá del fútbol y que pone el foco en disciplinas capaces de transmitir valores esenciales para la sociedad, y en buena parte se lo debemos a nuestras jugadoras. Si algo queremos seguir respaldando de manera especial es el deporte femenino, ya que representa un espacio de igualdad, de oportunidades, de talento y de inspiración para miles de niñas y jóvenes.
Entendemos el deporte como herramienta de cohesión social, de integración y de construcción de ciudadanía, un principio inscrito en nuestra razón de ser desde los orígenes de la institución. Por eso, cuando aparecen iniciativas como la del Club Voleibol Esquimo, reconocemos en ellas a compañeros de viaje, dado que este club ha acreditado que el presupuesto no determina la ambición y que la ilusión, unida al trabajo y al compromiso, desmiente cualquier pronóstico.
Quiero detenerme en las jugadoras, porque detrás de cada victoria hay horas de entrenamiento, lesiones, sacrificios personales, kilómetros recorridos y renuncias silenciosas que casi nadie ve. En esos meses se toparon con obstáculos de todo tipo y aun así nunca dejaron de creer, de manera que, partido a partido y punto a punto, fueron levantando un relato que hoy inspira mucho más allá de las canchas.
Permítanme una confesión. Quienes hemos seguido su trayectoria de cerca sabemos que, por encima del talento deportivo, han conquistado algo todavía más valioso, el cariño y la admiración de toda una tierra. El voleibol les dio títulos; su entrega les ha dado un lugar permanente en el corazón de muchísimas personas.
Ahora llegan escenarios distintos, rivales nuevos y desafíos de otra dimensión, si bien estoy convencido de que los afrontarán con la misma valentía que las ha traído hasta aquí. No les pediremos que ganen todos los partidos. Les pediremos algo mucho más importante, que sigan siendo el conjunto que nos enseñó que los sueños se alcanzan cuando nadie deja de empujar en la misma dirección.
Mi agradecimiento al Ayuntamiento de Dos Hermanas, a la Junta de Andalucía, a la Diputación de Sevilla, a la Federación Española de Voleibol, al club, a los patrocinadores y a cuantas personas han contribuido a un éxito que es colectivo. Esta historia no pertenece sólo a un equipo. Pertenece a Dos Hermanas, a Sevilla y a Andalucía, y también a quienes siguen creyendo que el esfuerzo, el talento y la constancia conducen al éxito.
A ellas sólo puedo desearles que sigan soñando a lo grande, pues han demostrado que no hay reto imposible para quien trabaja con humildad y compite con el corazón. Mucha suerte en esta primera aventura europea.




