Un nuevo paso hacia Iberoamérica
El mes de agosto está transcurriendo con el ritmo más pausado que es habitual en los veranos. Sin embargo, la Fundación continúa con buena parte de su actividad y estamos muy orgullosos de que, por ejemplo, las exposiciones abiertas en las sedes de Cádiz –que conmemora el 750 aniversario del traslado de la sede episcopal de Medina Sidonia a la capital gaditana— o Sevilla, con la magnífica muestra fotográfica de Carlos Saura, constituyen dos de los principales atractivos culturales de ambas ciudades durante el estío.

A la vez, vamos calentando motores de cara al mes de septiembre, que promete ser muy interesante.

Precisamente, quisiera aprovechar estas líneas para compartir con todos ustedes una breve reflexión sobre un acto que hemos celebrado este mes de agosto, la firma de un acuerdo entre la Fundación Cajasol y la Cámara de Comercio de Sevilla para constituir el Premio Iberoamericano Torre del Oro, destinado a reconocer a personas o entidades que destaquen por el fomento de las relaciones entre la capital hispalense y la Comunidad Iberoamericana.

Ciertamente, el acuerdo que tuve el honor de suscribir junto a mi amigo Paco Herrero, presidente de la Cámara de Comercio de Sevilla, no es el primero en el ámbito de las relaciones con el exterior, pues hace ya bastante tiempo que colaboramos en procesos tan relevantes como la internacionalización de las empresas sevillanas y andaluzas en general.

Por tanto, podríamos decir que crear este premio es un paso más, pero lo considero especialmente significativo porque pasa a engrosar nuestros esfuerzos por mejorar las relaciones de Sevilla con Iberoamérica, que es, ante todo, un extraordinario espacio de oportunidad para todos.

Es verdad que a menudo, al referirnos a nuestra relación con Iberoamérica, pensamos en la historia compartida. Una historia, ciertamente, sin la que nuestro presente no se puede entender. Pero, en mi opinión, el horizonte más interesante no está detrás de nosotros, ni siquiera es el que se dibuja hoy, siendo sin duda ya una realidad apasionante.

No, lo mejor de las relaciones entre Sevilla e Iberoamérica es, sobre todo, una cuestión de futuro. Un futuro que, como señalaba antes, se perfila como un espacio de oportunidades para el conjunto de la sociedad sevillana, desde las empresas y el comercio, al ámbito de la cultura, la educación, la investigación y en general de las relaciones humanas.

Puedo garantizarles que desde la Fundación Cajasol se palpa en el ambiente en todas las iniciativas relacionadas con Iberoamérica en las que participa nuestra Fundación.

La colaboración con la Fundación Nao Victoria –que estos días se encuentra precisamente en aguas del País Vasco, o con la Santa maría, en el Mediterráneo más occidental, al Sur de Francia-, son dos ejemplos del entusiasmo que levantan iniciativas de corte iberoamericano.

Estamos seguros que este Premio Torre del Oro fortalecerá este camino de encuentro y oportunidad en el que no les oculto que la Fundación Cajasol se prepara concienzudamente para afrontar el que sin duda es el reto más importante que tenemos por delante en este terreno: la gestión de las Atarazanas de Sevilla, que en apenas unos años –los que tarde en ejecutarse la compleja rehabilitación que lleva a cabo el prestigioso arquitecto Vázquez Consuegra— están llamadas a convertirse en el principal espacio de encuentro entre aquellos dos mundos que se comenzaron a conocer hace 525 años.

No tengo ninguna duda de que el proyecto de las Atarazanas de Sevilla, concebido para ser la referencia social, histórica y cultural de la capital andaluza con América, va a ser uno de los grandes polos de dinamización sociocultural de la próxima década, la de los años 20, no sólo en Sevilla, sino en toda España y, lo que es aún más importante, también en el conjunto de la Comunidad Iberoamericana.

Por ello les decía que el Premio Torre del Oro que acabamos de constituir –con toda la modestia, pero con toda la ilusión junto a la Cámara de Comercio, Industria y Navegación— es un paso muy significativo para adentrarnos en ese territorio apasionante de las relaciones entre Sevilla (y con ella toda Andalucía y en gran medida España) e Iberoamérica.

Seguimos trabajando y gracias por acercarse a este espacio de encuentro.