
Agradezco de manera muy especial el reportaje que ha publicado Montilla Digital, en el que han recogido con tanto respeto y cercanía parte de mi recorrido vital. Leer esas líneas ha sido como volver a casa: a Castro del Río, a la tienda de mi padre, al colegio, a aquellos días sencillos donde aprendí el valor del esfuerzo, de la humildad y del trabajo bien hecho.
Uno no elige dónde nace, pero sí elige cómo llevar consigo ese lugar durante el resto de su vida. Y yo he llevado siempre a gala ser cordobés, castreño, andaluz. Esa forma tan particular —y tan hermosa— de ser español. Nunca he sentido que mis raíces me aten, sino que me han impulsado. Me han dado dirección y sentido, tanto en los años de formación como en los momentos más difíciles de mi carrera profesional.
Cuando llegué a Sevilla, a comienzos de los 80, no imaginaba todo lo que esta ciudad acabaría dándome. Aquí he desarrollado gran parte de mi vida profesional, aquí formé mi familia, y aquí también he podido, desde la Fundación Cajasol, trabajar por esa Andalucía plural, abierta, orgullosa de su cultura y con una vocación firme de progreso. En todo lo que he hecho, he intentado mantener vivo ese mismo espíritu que ahora celebra esta fiesta de la vendimia: el de la tradición que se transforma, el del trabajo en comunidad, el de la esperanza que cada cosecha renueva.
Ser pregonero y capataz de honor en una cita como esta, con tanto simbolismo, es más que un honor. Es un reencuentro con mis raíces, con la memoria y con una tierra que sigue regalando al mundo uno de sus mayores tesoros: el vino, fruto del campo, del clima y del alma de la gente que lo trabaja.
Gracias de corazón a quienes han pensado en mí para representar a Montilla y su comarca en esta 70ª edición. Lo haré con emoción, con respeto y con todo el amor que le tengo a mi tierra.
Nos vemos en septiembre.




